¿Qué fue del DNI electrónico?

Abra su cartera y mire con detalle su DNI. Lo más seguro es que su documento de identificación sea ya uno de los millones de tarjetas inteligentes que se han ido entregando desde 2006(actualmente unos 40 millones están ya en la calle y en 2016 todos los españoles tendrán obligatoriamente un DNI-e) y que incorporan un chip en su parte izquierda. En él, se almacena de forma digital la misma información e imágenes que se encuentran impresas en la tarjeta, incluyendo la firma personal del ciudadano.  Además, el chip incluye los certificados digitales necesarios para la autenticación y la firma electrónica, pasos obligados para poder identificarnosonliney realizar todo tipo de trámites telemáticos ante las Administraciones Públicas.

Anunciado a bombo y platillo,el DNI electrónico gozó de un fuerte apoyo económico para impulsar su implantación en la sociedad(más de 300 millones de euros en los primeros años) pero su uso, nueve años después, es puramente residual. Según el informe eEspaña 2014, realizado por la Fundación Orange,apenas un 0,02% de los trámites públicos se han realizado identificándose con el DNI-e. O lo que es lo mismo, de los 367 millones de procedimientos oficiales, el DNI electrónico sólo ha estado presente en 700.000 de ellos.

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Son datos que asombran a propios y extraños, más aún si se tiene en cuenta que el uso del DNI electrónico en el sector privado (como bancos, por ejemplo) es todavía menor. ¿Cómo es posible que un avance tecnológico como éste no haya logrado asentarse en nuestra sociedad? ¿Qué razones han encontrado los españoles para pasar por alto las ventajas del DNI-e a pesar de ya tenerlo disponible en su cartera?

¿Por qué ha fracasado el DNI electrónico?

Es la pregunta del millón, a la que Gobierno, analistas y expertos del sector TIC llevan dando vueltas durante estos nueve años que tiene de vida el DNI-e. Desgraciadamente, no hay un motivo único al que achacar el fracaso de esta tecnología, sino que son múltiples las causas que explican esta situación.

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Entre ellas destaca la necesidad de usar lectores de tarjetas (que prácticamente ningún español posee) y la complejidad de instalación en algunos entornos del software necesario para reconocer los certificados digitales. La crisis económica, que comenzó en 2007, tan sólo un año después del lanzamiento del DNI electrónico, también ha supuesto un importante revés para que muchas empresas privadas (y también varios organismos públicos) se decidieran a crear las aplicaciones necesarias para integrar este documento en sus procesos de identificaciónonline.

Rafael García del Poyo, socio del despacho de abogados Osborne Clarke en su área de Digital Business, alude como otra de las principales causas del fracaso del DNI-e a la corta vida útil de los certificados, que deben ser “renovados cada cuatro años a pesar de que el DNI físico sigue estando vigente. Esto provoca que,en el tiempo de vida de un documento haya que ir una o dos veces a renovar la capacidad de firma digital”.

Este experto apela además a la falta de formación del ciudadano español como otro factor a tener en cuenta: “A pesar de que todos los DNI nuevos se emitieron con el mismo diseño, no todos tienen capacidad de firma electrónica. Así, los documentos de niños y de algunas personas de la tercera edad –que así lo solicitaron– carecen de certificados digitales. Por tanto, no todos los españoles pueden firmar, un buen ejemplo de la falta de cultura digital de algunos ciudadanos de nuestro país”.

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Tampoco ha ayudado a democratizar el DNI-ela imposibilidad de utilizarlo “para correo electrónico firmado ni para firma de facturas de empresa por apoderamiento, que son la inmensa mayoría de las facturas firmadas electrónicamente. En la actualidad, este tipo de documentos digitales solo se pueden firmar con certificados de persona jurídica de la FNMT (Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre)”, explicaEnrique Ortiz, consultor de Seguridad del Grupo Entelgy.Además, añade este experto, la Ley para el Impulso de la Sociedad de la Información “especificaba ciertas obligaciones a las empresas, que ni se han cumplido, ni se sancionan”, lo que también ha dejado en tierra de nadie el desarrollo de plataformas de terceros que utilicen el DNI electrónico.

Ortiz también alude a la coexistencia de métodos alternativos de autenticación como otra cuestión que explica el fracaso del DNI-e:“La mayoría de los accesos se pueden seguir realizando con los métodos de autenticación antiguos”. En ese sentido, los bancos ya poseían sus propios sistemas de autenticación y en el entornoonlinehan surgido numerosas compañías privadas de certificaciones y firmas con poderes que han logrado más implantación en determinados mercados que el propio DNI electrónico.

En la misma línea, García del Poyo indica que el grado de privacidad que proporciona el DNI-e no es solicitado por prácticamente ninguna empresaonlinecon origen fuera de nuestras fronteras:“Las grandes empresas digitales son de otros países con regulaciones muy distintas a la española en las que no se exige este grado de privacidad regulada. Les basta con estar prácticamente seguros de que alguien es quien dice ser.En estos entornos no se pide el DNI ni es necesario que terceras partes certifiquen la personalidad de cada uno de los internautas”.

La llegada del DNI 3.0

Este mismo año, el ministerio del Interior ha anunciado una nueva versión del DNI electrónico que la prensa no ha tardado en bautizar como el “DNI 3.0”. Aunque le queda un gran recorrido por delante,esta nueva tecnología no requerirá de un lector especial, como ocurría hasta ahora, sino que podrá utilizarse con conectividad NFC (Near Field Contact), compatible con la mayoría de lossmartphonesy tabletas actualmente disponibles en el mercado. El DNI 3.0 incorpora un chip más rápido, con más capacidad ycuyo certificado de firma electrónica gozará ahora de la misma validez jurídica que la firma manuscrita.

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Para Ortiz, “con el DNI-e 3.0 se eliminan las barreras de acceso existentes gracias a la incorporación de la tecnología NFC. Ademáspermitirá la lectura sin PIN del certificado de identificación, lo que evitará la introducción repetida del número PIN en las transacciones y el bloqueo del PIN por introducción incorrecta del mismo. Esto permitirá desarrollar nuevas aplicaciones para nuevos usos, como autenticación en tornos o en equipos por proximidad, incluso la llegada del voto electrónico cuando el despliegue llegue a toda la población”. Para este consultor, las nuevas características técnicas del DNI-e 3.0 harán posible la aparición de aplicaciones para móviles que facilitarán su uso, hasta el punto de solo requerir al usuario su instalación, y la introducción de su PIN cuando sea necesario.

No opina lo mismo el abogado Rafael García del Poyo, quien cree que, más allá de los avances técnicos del DNI 3.0, éste“debería ir acompañado de algo más para solventar las trabas actuales a su uso, como algún cambio legislativo profundo”.

El camino para asentar el DNI electrónico

Ya con el DNI 3.0 en marcha cabe preguntarse qué más se puede hacer para implantar este nuevo DNI electrónico en nuestra sociedad, evitando los errores del pasado. Es obvio que no se va a producir un cambio de la noche a la mañana pero sí que hay, en opinión de los expertos, fórmulas para aumentar el uso de este documento.

El reto en el futuro es solucionar los problemas que han quedado en el tintero, como la corta vida de los certificados del DNI-e y la molestia de su renovación presencial,la creación de un servicio de sellado tiempos gratuito oficial (TimeStamp) imprescindible para algunos tipos de firmas, habilitar su uso para correo electrónico firmado, la adquisición por parte de las empresas del ‘know-how’ necesario para ver y aprovechar sus posibilidades, yla culturización informática de la España profunda que todavía existe”, detalla Enrique Ortiz.

García del Poyo coincide con Ortiz en la necesidad de una “modificación legislativa para acompasar la duración del DNI-e y la de la firma electrónica”. El socio de Osborne Clarke cree que sólo la “progresiva digitalización de la sociedad”, y que las propias administraciones públicas y las empresas “aporten un valor añadido real” podrán impulsar el uso de esta tecnología.

Fuente: TICbeat

Autor: Alberto Iglesias Fraga

Imagen superior: Mario Pena

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